|
BIOCARBURANTES Eficiencia y Proteccionismo
Febrero 2.010
No cabe duda que la bioenergía y particularmente los biocombustibles líquidos cumplirán un rol crecientemente importante en el escenario energético global en las próximas décadas. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía proyecta una expansión de 6,8% anual en la demanda de bioetanol y biodiésel en los próximos años hasta 2030, cuando su producción alcanzará aproximadamente 120 millones de tep anuales y corresponderá al 5% de la demanda energética prevista para el sector de transporte (AIE, 2008).
Los factores que han impulsado el fuerte desarrollo de la bioenergía en los últimos años son bien conocidos, destacándose entre ellos las ventajas ambientales y la seguridad energética. De hecho, aunque conocidos y regularmente utilizados durante muchas décadas, fue a partir de los años noventa y en el marco de las cuestiones ambientales que los biocombustibles comenzaron a recibir más atención.
Más recientemente, también fueron adoptados como una manera de enfrentar las perspectivas de inseguridad en el suministro energético. En ese contexto, es importante reconocer que la bioenergía es una forma de energía solar y que la productividad vegetal es elevada en las regiones tropicales húmedas, debido a la alta disponibilidad de radiación solar, humedad y temperaturas adecuadas para crecimiento vegetal.
DOS GRUPOS DE BIOCOMBUSTIBLES
Debido a factores ambientales y tecnológicos, la productividad bioenergética y, por ende, su potencial de impacto positivo en los sistemas energéticos y el medio ambiente, varía bastante en función de los sistemas productivos que no son sino dos claros paradigmas en la producción de biocombustibles:
En el primer grupo, representados por el bioetanol de caña de azúcar o biodiésel de palma, la producción se desarrolla con tecnología conocida, eficiente, con altas productividades y balances energéticos bastante positivos, presentando competitividad económica y constituyendo efectivamente biocombustibles de segunda generación.
El otro grupo reúne lo que se podría llamar “biocombustibles todavía inconsistentes”, dependientes de subsidios y apoyo gubernamental, en la perspectiva de que se concreten avances tecnológicos considerables todavía en bancada o se hagan viables cultivos exóticos, aun de dudosa factibilidad.
DIFERENCIAS ENTRE GRUPOS
Esa gran diferencia entre los grupos de biocombustibles, que influyen directamente en su demanda de tierras, su impacto sobre la disponibilidad de alimentos y su beneficio ambiental y energético real, no siempre está clara.
Las críticas genéricas que reciben los biocombustibles, la percepción pública de las ventajas y desventajas de esos vectores energéticos y las políticas públicas en este tema frecuentemente ignoran que hoy ya existen biocombustibles producidos con alta capacidad de mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero, alta productividad energética, a costos competitivos y sin afectar la producción de alimentos.
COSTOS DE OPORTUNIDAD DE LOS BIOCOMBUSTIBLES
Además de los aspectos esenciales de eficiencia productiva, es interesante observar cómo se diferencian económicamente el etanol y el biodiésel, analizados desde el punto de vista de sus cadenas productivas básicas. Con este objetivo, se evaluó el costo de la energía contenida en esos biocombustibles, considerando los precios de mercado internacional para el azúcar y el aceite de soja (IMF,2009) y asumiendo que esos productos fuesen transformados en combustibles líquidos, bajo las siguientes hipótesis:
• para el etanol, 1 kg de azúcar corresponde a 0.61 de etanol anhidro, que en uso en mezclas con gasolina hasta 10% (E10) significa una disponibilidad efectiva de 7.7 Mcal/litro, debido al incremento de eficiencia inducido por ese biocombustible en los motores Ott’o.
• para el biodiésel se asumió la conversión de 1 kg de aceite vegetal en 1 kg de biodiésel con un poder calorífico de 9.43 Mcal/kg.
No fueron considerados los costos de capital y otros insumos. Se trató esencialmente una evaluación preliminar de cómo ha variado en las últimas décadas el valor en energía potencial para uso vehicular contenida en esas materias primas, sin considerar eventuales diferencias en las tecnologías de uso final.
Es importante observar que en ambos casos son productos de amplio mercado, producidos en bases competitivas, y su precio debe estar fundamentalmente asociado a los costos de producción.
Fuente: www.bioenergyinternational.com
|